sábado, 31 de enero de 2009

Réquiem por un pez

Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar...».

NUESTRO hijo estuvo pidiendo una mascota por algún tiempo. Por fin, un día le compramos un pequeño pez dorado. Nakán lo cuidó muy bien. Le daba su comida cada mañana.


Sin embargo, una noche nos dimos cuenta que el pez había muerto. Decidimos darle la noticia a Nakán. Al oírme, comenzó a sollozar como nunca antes lo había visto. Me preguntaba: «¿Por qué murió el pez? Yo lo cuidé». Mi corazón se desgarró, pero pude darle a mi hijo una lección acerca de la muerte. Oramos a Dios agradeciéndole la oportunidad que le dio a Nakán de expresar su amor y cuidado hacia una de sus criaturas.


Como pastor entendí que mi hijo debía entender el proceso de la muerte ligado a su experiencia cristiana infantil. Ese fue el momento para que mi hijo entendiera que las criaturas son de Dios y que nosotros somos mayordomos de ellas. Ese era el momento de entender que Dios cuida de nosotros sus criaturas preciadas, pero también de las criaturitas que ha puesto a nuestro cuidado. Si un niño entiende esto tempranamente, se relacionará mejor en la adultez con su medio ambiente.

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